lunes, 15 de agosto de 2011

Reflexiones sobre... "la norma" y "el orden"

El mundo trae un rango de creación de posibilidades que se limitan en su estructura de “cosas que pueden existir en el mundo”. De llevar a cabo una posibilidad distinta a las que permite el mundo, entonces ya no estamos en el mundo, estamos en otra posibilidad de existencia distinta a este.

Por ende cada estructura de cada posibilidad representa la norma para la existencia de esa posibilidad.

El ser humano, a diferencia del mundo y de otros seres vivos, tiene la capacidad de crear su propia norma para la opción binaria de subsistir o autodestruirse como especie. Crea por lo tanto una norma social a la cual se adhiere para mantener la existencia de la especie humana.

Cuando se adoptan las normas sociales, de tácito acuerdo, pasan posteriormente a ser incuestionables por la conciencia humana, suele incluso dárseles a estas normas creadas la consideración de “esenciales a nuestra especie”, naturalizándose y funcionando pasivamente en nuestra conciencia, siendo absolutizadas (EJ. LA FAMILIA ES EL NUCLEO DE LA SOCIEDAD, LAS MUJERES A DIFERENCIA DE LOS HOMBRES ACTUAN DE TAL FORMA, ETC.). Una sociedad que en su historia da por sentada estas normas, luego es muy difícil que las cuestione, porque están en un punto en que quienes las reproducen ya no son quienes las crearon, por lo tanto, se asumen, desde el momento en que se nace, y se encuentran arraigadas y sedimentadas por la cultura.

El tema es que cuando se absolutizan y naturalizan se pretenden perpetuar en el status quo, y no permiten nuevas formas de experimentar la realidad social, porque se rehúsa aquello que esta fuera de la norma. Pasa a ser anómalo para quienes dan por sentado y absolutizado lo socialmente acordado y existente. Y lo anómalo para la sociedad suele caer en el juicio de lo malo en la dicotomía bien y mal.

Pero no debemos olvidar que es un acuerdo, y una forma, potencialmente cambiable, moldeable, por lo tanto es posible la emergencia de una nueva norma y un nuevo acuerdo social (que no es ni más bueno ni más malo) que organice de manera distinta la existencia de la sociedad. Y de darse el caso de que se cree una nueva norma, esta nueva norma pasara a sedimentarse y naturalizarse, provocando el mismo efecto, y así con todas las normas, se absolutizan.

La norma que tenemos ahora puede ser la de la propiedad privada, del poder  y la de la dominación (Que ha permitido la existencia de una heterogeneidad de sistemas de organización que permiten esta norma: capitalismo, sistema feudal, etc.). No obstante puede existir otra norma exenta de estas características.

Esto demuestra además que dentro de la rigidez de una norma se pueden dar distintas formas de heterogeneidad y de cambios que no obstante, no cambien la norma por excelencia.

Las normas permiten una heterogeneidad en su interior siempre y cuando dicha heterogeneidad no afecte la norma. Así como los distintos órganos del cuerpo humano funcionan según su propia norma, pero aún así permiten la autopoiesis del sistema.

El tema es que nosotros pensamos dentro de la norma una nueva norma, y como dice bourdieu el cuerpo social está en el cuerpo humano, ¿hasta qué punto podemos lograr un desprendimiento tal que nos permita crear una nueva norma sin que medien las sedimentaciones de lo ya existente?

Respondo: Cuestionando TODO LO QUE EXISTE, permitiendo deconstruir las normas esencialistas, incluso aquellas que se dan como propias de lo social y de lo humano. Permitiendo a ello caer en crisis por lo menos a nivel de la conciencia.

Ahora, otra pregunta interesante podría ser… ¿Puede existir una norma que aúne en si misma las distintas autonomías pero forjando límites para que cada autonomía no emplace la autonomía de otro? Puesto que mi autonomía puede realizarse en la aniquilación de la autonomía de otro, de hecho en gran medida lo hace en distintos niveles, cuyo nivel más extremo sería la muerte de ese otro. No obstante, la paradoja cabe en que en la muerte de ese otro no estamos respetando su autonomía. La idea es la búsqueda de una norma que asegure la autonomía de todos, y esa norma, simplemente, no puede ser el dejar a todos en su libre autonomía.

He ahí que una sociedad crea DERECHOS para crear normas que no los alienen en virtud de las autonomías, pero hay que tener en cuenta que en sociedades de cambio constante, estos DERECHOS pueden ir en aumento, pues se precisa proteger nuevas situaciones.

Todo derecho, toda norma, todo dar forma de lo social debe proteger la autonomía individual para el funcionamiento del conjunto (esto como horizonte fundamental de cualquier orden, lo que de ello resulte como producto colectivo no puede ser sino, como digo: producto, y en ello por lo tanto no se debe esperar una meta o forma determinada). Eso es lo que pasa en el cuerpo humano (bueno y en realidad en el de cualquier ser vivo) ya que en ello, la característica de “estar vivo” es en principio resultado y producto de el aseguramiento de la autonomía de cada una de las partes que lo componen. Es por esto que creo que el cuerpo humano debe ser digno de estudio con perspectiva social, si es que como humanidad apostamos por la autopoiesis de nuestra especie.

La norma no debe ser en busca de la estabilidad y el orden, nunca, eso es negar la existencia, cuando ese es el fin de la norma, el orden, va a terminar imponiendo, negando la autonomía, y generando la bola de nieve para la crisis de la existencia de la especie, que se pone en riesgo. El orden si llega a suceder, debiese ser solo producto, resultado.

martes, 14 de junio de 2011

MANIFIESTO: NO A LA EDUCACIÓN

Los estudiantes todos, desde los secundarios hasta los universitarios, de toda edad y de toda condición social nos queremos manifestar por una noble causa, el rechazo categórico a la Educación.

Alguna vez nos engañaron, escuchamos y creímos cuando se nos dijo: la verdad os hará libres. ¿En qué  consistía la verdad? En acercarnos lo más certeramente al conocer y al comprender, y en ello la educación como el gran medio, como el articulante reflexivo de la experiencia y la información, del pensamiento y la acción.

La educación entonces se erigió como portadora de sentido en sí misma al ser una herramienta fundamental de la vida humana, así de cómo cuántas otras herramientas se ha valido el ser humano para enfrentar su situación en el mundo y con los otros.

Nuestro país, el mundo, tienen historia, y con ello y en sus distintas transiciones, no solo cambia lo material sino también nuestras concepciones más abstractas e ideales, la educación tampoco se entiende fuera de este proceso y del cambio constante.

Hoy, en efecto, las cosas no son lo mismo que antes, paradojalmente, las paradojas no son las mismas de antes, pareciera entonces que el sentido es lo que ha cambiado, y lo que antes eran los fines se han puesto al servicio de los medios, y esto se evidencia en la educación y en lo cotidiano.

Mientras más significados y lenguaje se maneja, más se utiliza para desviar de lo importante; mientras más se sabe, más se manipula; mientras más nos acercamos al conocimiento, más lo utilizamos para distanciarnos; mientras más elementos se integran a la comprensión, más accesorios hemos incorporado; mientras más nos empecinamos en aprender, más miméticos nos hemos vuelto; mientras más complejos nos creemos , menos nos hacemos entender (y a veces en nuestro beneficio), mientras más creemos que opinamos, más eslóganes hemos adoptado… y así la lista puede extenderse infinitamente.

Y esto lo planteamos así, porque como personas que no solo estudiamos si no que creamos sociedad, creemos que estas paradojas son reflejo de lo que aquella se está convirtiendo, y a la vez como síntesis de la sociedad, la educación creemos ya no es digna de los fines con los cuales se comprometió en principio.

En consecuencia con lo anterior, nos damos cuenta de que el oportunismo, la inequidad y la uniformidad se encuentran a la base de un sistema educacional que se caracteriza respectivamente en 1. El endeudamiento como la gran oportunidad para acceder a la educación, el lucro (aunque proclamado por ley ilegal) como necesario para el autofinanciamiento por el cada vez mayor repliegue Estatal  2. Un acceso desigual de oportunidades cuyo filtro se basa en variantes socioeconómicas por sobre cuestiones como: talentos y aptitudes, donde al centro no está la persona 3. La homogeneización que se expresa en la imposibilidad de participación real de la creación del espacio educacional y de aportar crítica, creativa y activamente a la educación misma por parte de todos los actores que la conforman.

¿Eso es hoy por hoy la educación? Creemos que sí, lamentablemente. Por lo tanto nos levantamos entonces a gritar desde lo más sensato que no queremos estudiar ni ser estudiantes.

Porque bajo esta estructura significativa el estudiante: no participa, al estudiante se le engaña, el estudiante egoístamente crece para sacar ventaja, el estudiante es elitista (no cualquiera puede darse el lujo de serlo), al estudiante se vulnera como persona que es antes que el rol que materializa, el estudiante compite, el estudiante adquiere “valor” y no precisamente por lo que aprende, al estudiante se le enseña a hablar para que su voz se diluya en el sonido del paisaje.

Lamentamos manifestar nuestro rechazo a la educación tan tarde, principalmente a nuestros padres quienes en muchos casos dan hasta lo que no tienen por un sueño cercado con tantas trabas, pero no nos queda más que el camino del mal perdedor desde donde se sustenta un movimiento que nos reivindique el protagonismo del cual creemos tenemos la voluntad y el vigor para hacernos cargo.


Apelamos a crear la educación, a darle forma y sentido, si no participamos de la educación la aborrecemos y como algún deportista popularizó alguna vez, nos unimos firmemente al “no estoy ni ahí”, porque no creemos en una educación que viene a imponerse desde afuera, no creemos en la educación como propiedad de algunos, no creemos en instituciones educativas que no se entiendan en su contexto comunitario, político y social y que no se hagan cargo en consecuencia de su rol, no creemos en la jerarquía que impone el poder del conocimiento como una línea que nos separa y no un punto que nos une, no creemos en una educación cuyo valor se cuenta en monedas en vez de valerse en sí misma, no creemos en una educación tan débil que se puede viciar por el mercado, cuando el mercado no lo hacen las personas y se nos presenta como la libertad que no es libre, porque para decir que la libertad es libre no basta con la posibilidad y las opciones a elegir sino que con la creación autónoma del ejercicio mismo de la creación de dichas posibilidades al servicio de la voluntad de en ello construirnos como sujetos. Y mientras la educación no se condiga con los valores fundamentales de la verdad, la justicia, la democracia, la libertad, la igualdad, la tolerancia, la pluralidad y el respeto, pues no creemos en la educación y la rechazamos de plano.