jueves, 23 de junio de 2011
martes, 14 de junio de 2011
MANIFIESTO: NO A LA EDUCACIÓN
Los estudiantes todos, desde los secundarios hasta los universitarios, de toda edad y de toda condición social nos queremos manifestar por una noble causa, el rechazo categórico a la Educación.
Alguna vez nos engañaron, escuchamos y creímos cuando se nos dijo: la verdad os hará libres. ¿En qué consistía la verdad? En acercarnos lo más certeramente al conocer y al comprender, y en ello la educación como el gran medio, como el articulante reflexivo de la experiencia y la información, del pensamiento y la acción.
La educación entonces se erigió como portadora de sentido en sí misma al ser una herramienta fundamental de la vida humana, así de cómo cuántas otras herramientas se ha valido el ser humano para enfrentar su situación en el mundo y con los otros.
Nuestro país, el mundo, tienen historia, y con ello y en sus distintas transiciones, no solo cambia lo material sino también nuestras concepciones más abstractas e ideales, la educación tampoco se entiende fuera de este proceso y del cambio constante.
Hoy, en efecto, las cosas no son lo mismo que antes, paradojalmente, las paradojas no son las mismas de antes, pareciera entonces que el sentido es lo que ha cambiado, y lo que antes eran los fines se han puesto al servicio de los medios, y esto se evidencia en la educación y en lo cotidiano.
Mientras más significados y lenguaje se maneja, más se utiliza para desviar de lo importante; mientras más se sabe, más se manipula; mientras más nos acercamos al conocimiento, más lo utilizamos para distanciarnos; mientras más elementos se integran a la comprensión, más accesorios hemos incorporado; mientras más nos empecinamos en aprender, más miméticos nos hemos vuelto; mientras más complejos nos creemos , menos nos hacemos entender (y a veces en nuestro beneficio), mientras más creemos que opinamos, más eslóganes hemos adoptado… y así la lista puede extenderse infinitamente.
Y esto lo planteamos así, porque como personas que no solo estudiamos si no que creamos sociedad, creemos que estas paradojas son reflejo de lo que aquella se está convirtiendo, y a la vez como síntesis de la sociedad, la educación creemos ya no es digna de los fines con los cuales se comprometió en principio.
En consecuencia con lo anterior, nos damos cuenta de que el oportunismo, la inequidad y la uniformidad se encuentran a la base de un sistema educacional que se caracteriza respectivamente en 1. El endeudamiento como la gran oportunidad para acceder a la educación, el lucro (aunque proclamado por ley ilegal) como necesario para el autofinanciamiento por el cada vez mayor repliegue Estatal 2. Un acceso desigual de oportunidades cuyo filtro se basa en variantes socioeconómicas por sobre cuestiones como: talentos y aptitudes, donde al centro no está la persona 3. La homogeneización que se expresa en la imposibilidad de participación real de la creación del espacio educacional y de aportar crítica, creativa y activamente a la educación misma por parte de todos los actores que la conforman.
¿Eso es hoy por hoy la educación? Creemos que sí, lamentablemente. Por lo tanto nos levantamos entonces a gritar desde lo más sensato que no queremos estudiar ni ser estudiantes.
Porque bajo esta estructura significativa el estudiante: no participa, al estudiante se le engaña, el estudiante egoístamente crece para sacar ventaja, el estudiante es elitista (no cualquiera puede darse el lujo de serlo), al estudiante se vulnera como persona que es antes que el rol que materializa, el estudiante compite, el estudiante adquiere “valor” y no precisamente por lo que aprende, al estudiante se le enseña a hablar para que su voz se diluya en el sonido del paisaje.
Lamentamos manifestar nuestro rechazo a la educación tan tarde, principalmente a nuestros padres quienes en muchos casos dan hasta lo que no tienen por un sueño cercado con tantas trabas, pero no nos queda más que el camino del mal perdedor desde donde se sustenta un movimiento que nos reivindique el protagonismo del cual creemos tenemos la voluntad y el vigor para hacernos cargo.
Apelamos a crear la educación, a darle forma y sentido, si no participamos de la educación la aborrecemos y como algún deportista popularizó alguna vez, nos unimos firmemente al “no estoy ni ahí”, porque no creemos en una educación que viene a imponerse desde afuera, no creemos en la educación como propiedad de algunos, no creemos en instituciones educativas que no se entiendan en su contexto comunitario, político y social y que no se hagan cargo en consecuencia de su rol, no creemos en la jerarquía que impone el poder del conocimiento como una línea que nos separa y no un punto que nos une, no creemos en una educación cuyo valor se cuenta en monedas en vez de valerse en sí misma, no creemos en una educación tan débil que se puede viciar por el mercado, cuando el mercado no lo hacen las personas y se nos presenta como la libertad que no es libre, porque para decir que la libertad es libre no basta con la posibilidad y las opciones a elegir sino que con la creación autónoma del ejercicio mismo de la creación de dichas posibilidades al servicio de la voluntad de en ello construirnos como sujetos. Y mientras la educación no se condiga con los valores fundamentales de la verdad, la justicia, la democracia, la libertad, la igualdad, la tolerancia, la pluralidad y el respeto, pues no creemos en la educación y la rechazamos de plano.
Apelamos a crear la educación, a darle forma y sentido, si no participamos de la educación la aborrecemos y como algún deportista popularizó alguna vez, nos unimos firmemente al “no estoy ni ahí”, porque no creemos en una educación que viene a imponerse desde afuera, no creemos en la educación como propiedad de algunos, no creemos en instituciones educativas que no se entiendan en su contexto comunitario, político y social y que no se hagan cargo en consecuencia de su rol, no creemos en la jerarquía que impone el poder del conocimiento como una línea que nos separa y no un punto que nos une, no creemos en una educación cuyo valor se cuenta en monedas en vez de valerse en sí misma, no creemos en una educación tan débil que se puede viciar por el mercado, cuando el mercado no lo hacen las personas y se nos presenta como la libertad que no es libre, porque para decir que la libertad es libre no basta con la posibilidad y las opciones a elegir sino que con la creación autónoma del ejercicio mismo de la creación de dichas posibilidades al servicio de la voluntad de en ello construirnos como sujetos. Y mientras la educación no se condiga con los valores fundamentales de la verdad, la justicia, la democracia, la libertad, la igualdad, la tolerancia, la pluralidad y el respeto, pues no creemos en la educación y la rechazamos de plano.
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