lunes, 14 de mayo de 2012

La Angustia.

Hoy concluí, mientras me secaba con la toalla al terminar la ducha, que hay tres tipo de angustias existenciales, por lo menos que yo he experimentado. A ver si las recuerdo...

Los puntos a continuación, no se presentan estrictamente separados, o por momentos individuales, pueden coexistir e incluso emerger a propósito de otro, o, en su defecto, generar mixturas. Por otra parte, esto surge a partir de mi experiencia particular en el mundo, por lo tanto no se descarta la existencia de otras formas de emergencia y manifestación de la angustia. Este texto, por lo tanto, se entiende como un aporte hacia la comprensión de la angustia desde la experiencia y en el valor del conocimiento intersubjetivo.


1.     La angustia del aquí y del ahora:

 a.- De primer nivel: La que compele en el presente, creo que es la más banal pero igual de angustiosa, que tiene que ver, por ejemplo, con estar haciendo algo que no nos gusta así como comiendo ñoquis en mi caso, o estar haciendo la tesis ahora... sea por voluntad propia, por un fin en sí mismo, o como un medio para algo.

b.- De segundo nivel: También compele inmediatamente a la acción en el presente, pero trae hacia éste, nudos que pueden haberse gestado en el pasado. Es así que, por ejemplo, puedo encontrarme con una persona que me hizo alguna vez algo que interpreté como un daño, y que el encuentro sea, por lo tanto, desagradable, o por ejemplo, haber vivido una historia de abuso y verse en una situación que emocionalmente toque esos recuerdos o emule ciertas situaciones, a pesar de que en lo objetivo, no tengan relación alguna, por ejemplo, un sujeto A le dice a B: “haz x cosa”, y B puede interpretarlo como una orden abusiva en base a su historia y mundos de significado, frente a lo cual no se quiera “dejar pasar a llevar”, independiente de que aquella no haya sido la intención de A. En este sentido, suele suceder el fenómeno de repetir ciertas pautas de acción frente a determinadas situaciones o actitudes, que difícilmente son concientizadas por el sujeto a no ser que se les interpele explícitamente, de todas formas, también pueden visualizarse desde lo individual.


2.   Trampas mentales:

Carecen de orden y forma, se manifiestan como meta pensamientos, inacabados, paradójicos, caóticos, corrientes de ideas, pensamientos intrusivos que emergen y al no poder establecérseles una conclusión o alguna especie de cierre, quedan como heridas abiertas y fantasmas de acoso constante. Algunas veces, a pesar de racionalizarlos de una manera saludable, no dejan de generar un efecto angustioso infundado en las personas. Pueden llevar con naturalidad a la obsesión, en la medida en que la tranquilidad se vislumbre en la comprensión de lo que sucede, frente a lo cual es difícil otorgar sentido. En algunos casos lo sano es romper con esas ideas, subestimándolas per sé. Se pueden manifestar como pensamientos que atentan hacia el autoestima, pensamientos evaluadores, entre los casos menos complejos, algunas veces, atañen también a paradojas mentales más sofisticadas.


3.     La sujeción, la identidad:

a.- De primer nivel: Sensación de sometimiento hacia una fuerza mayor, materializada en otro sujeto que somete y frente al cual no se ve salida emancipadora de la fuerza opresora que ejerce hacia el sí mismo. Esta puede ser concientizada o no, pero el efecto angustioso es el mismo, hay aquí una pérdida de identidad, en la medida en que la acción busca complacer, o en su defecto, no generar desagrado en el otro; vale decir, la acción es fundada en el otro, no en el sí mismo. El miedo se encuentra en forma implícita en esta forma de angustia, no obstante, se configura como el motivo que genera este tipo de malestar.

 b.- De segundo nivel: La sensación de sometimiento se manifiesta de la misma forma que en el primer nivel, no obstante, la fuerza mayor se ve materializada en un otro generalizado, o en el deber ser social, expresado en ideas, ideologías, etc. El miedo también opera como motor fundamental de este malestar y también conlleva a la pérdida de identidad en la medida en que se evade la acción libre del Yo a fin de no arriesgar la integridad del mismo en un “aprieto social” que produce una angustia en un nivel inferior u otra dimensión, pero que compele de todas formas a este último. Puede o no ser consciente, pero es preciso recalcar que tanto en la de primer como en la de segundo nivel, la toma de conciencia de la situación no asegura necesariamente su superación, o la superación de la angustia que de ella emerge.


La exposición constante a un tipo particular de emoción, el permanecer durante mucho tiempo de manera sistemática en el mismo estadio emocional, puede conllevar a su vez, a establecerse como un estado de ánimo a alguna determinada emoción. Esto se manifiesta como angustia, cuando, a mi parecer, alguno los puntos anteriores no son superados, o se instalan como resentimientos o nudos que no permiten disolver la angustia en su superación, sino que por el contrario, generan niveles cada vez más agudos de ansiedad y estrés.

Todo lo anterior se manifiesta física, mental y emocionalmente como un ruido, o una asintonía que se vivencia en esas tres dimensiones. Creo, que la incompatibilidad entre la razón y la emoción, tan expresada en la angustia, sin embargo tan difícil de visualizar como un contenido concreto, se encuentra a la base de varios de estos puntos. Todos generan un impacto parcial o total en la autoestima.

Ello lo desarrollé de manera muy muy vaga alguna vez aquí: http://martesmarcianos.blogspot.com/2011/09/pensando.html De ese pequeño texto me gustaría rescatar, el malestar que en ese sentido puede generar por ejemplo la asintonía entre determinada moral de un sujeto (la razón), y como la práctica lo compele a modificar tanto esta (en la emoción), como el mundo de significados que la define, o que define su identidad, esto ya que los significados que nos hacemos del mundo y de la experiencia en el mismo, nunca podrán abarcar por completo su complejidad, y representan una visión y un estar siendo particular de un aquí y un ahora de un momento personal particular, pero que siempre va a llegar el momento en que no alcance a cubrir la comprensión de lo nuevo, tanto en el ambiente, tanto en uno mismo, tanto en la articulación novedosa de ambos.



De todas formas, me dedicaré un día a hacer una mejor taxonomía, por el momento, quería dejar esto planteado para que no se me olvide.


NOTA****** Faltan 3 ideas a desarrollar aquí próximamente: "el trampear la emoción: una mala estrategia", "la paradoja de la tensión interna" y el temita de la definición y las certezas.. proyectos etc.

2 comentarios:

  1. sin palabras.
    simplemente lo comparto, desde mi humilde subjetividad, que al parecer en el últimpo tiempo, se ha visto desorbitada, en ciertas formas, que podrían asimilarse a esos niveles que habrían en "ese estado emocional llamado angustía"
    Ciertamente, lo más claro y al vez hermoso que llamo más mi atención en el texto, fue la simpleza con que llegas a describir estas sensaciones y/o emociones; ello puesto en que para mi, a ese orden, cuesta mucho visualizarlo y per se, darle sentido.
    Voraz Marcela. gracias

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    1. que sepas que siempre estaré no más catiuska :D en una palmadita en la espalda o en una tallita desubicada que subestime todo esto jajajaja te quiero.

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